sábado, 19 de mayo de 2012

LAMENTACIONES. CAPÍTULO 2.


2-1¡Ay, el Señor nubló con su cólera a la capital, Sión!
Desde el cielo arrojó por tierra la gloria de Israel,
y el día de su cólera se olvidó del estrado de sus pies.
2El Señor destruyó sin compasión todas las moradas de Jacob,
con su indignación demolió las plazas fuertes de Judá,
derribó por tierra, deshonrados, al rey y a los príncipes.
3Encendido en ira tronchó el vigor de Israel;
al llegar el enemigo, se guardó la diestra a la espalda,
y prendieron las llamas en Jacob, consumiendo todo alrededor.
4Como un enemigo, tendió el arco, aplicó la diestra
y dio muerte, enemistado, a la flor de la juventud,
y en las tiendas de Sión derramó como fuego su furor.
5El Señor se portó como enemigo, destruyendo a Israel:
derribó todos sus palacios, arrasó sus plazas fuertes,
y en la capital de Judá multiplicó duelos y lamentos.
6Como un salteador, destruyó la tienda, arrasó el lugar de la asamblea,
el Señor dio al olvido en Sión sábado y fiestas,
indignado y furioso rechazó al rey y al sacerdote.
7El Señor repudió su altar, desechó su santuario,
entregó en manos enemigas los muros de sus palacios;
y gritaban en el templo del Señor, como en día de fiesta.
8El Señor determinó arrasar las murallas de Sión:
tendió la plomada y no retiró la mano que derribaba;
muros y baluartes se lamentaban al desmoronarse juntos.
9Hundió en la tierra las puertas, rompió los cerrojos.
Rey y príncipes estaban entre los gentiles. No había ley.
y los profetas ya no recibían visiones del Señor.
10Los ancianos de Sión se sientan en el suelo silenciosos,
se echan polvo en la cabeza y se visten de sayal;
las doncellas de Jerusalén humillan hasta el suelo la cabeza.
11 Se consumen en lágrimas mis ojos, de amargura mis entrañas,
se derrama por tierra mi hiel,
por la ruina de la capital de mi pueblo,
muchachos y niños de pecho desfallecen por las calles de la ciudad.
12Preguntaban a sus madres: ¿dónde hay pan y vino?,
mientras desfallecían, como los heridos,
por las calles de la ciudad,
mientras expiraban en brazos de sus madres.
13¿Quién se te iguala, quién se te asemeja, ciudad de Jerusalén?,
¿a quién te compararé, para consolarte, Sión, la doncella?
Inmensa como el mar es tu desgracia: ¿quién podrá curarte?
14Tus profetas te ofrecían visiones falsas y engañosas;
y no te denunciaban tus culpas para cambiar tu suerte,
sino que te anunciaban visiones falsas y seductoras.
15Los que van por el camino se frotan las manos al verte,
silban y menean la cabeza contra la ciudad de Jerusalén:
 
«¿Es ésta la ciudad más hermosa, la alegría de toda la tierra?»,
16Se burlaron a carcajadas de ti todos tus enemigos,
silbaron y rechinaron los dientes diciendo: «La hemos arrasado;
éste es el día que esperábamos:
lo hemos conseguido y lo estamos viendo».
17El Señor ha realizado su designio, ha cumplido la palabra
que había pronunciado hace tiempo: ha destruido sin compasión;
ha exaltado el poder del adversario,
ha dado al enemigo el gozo de la victoria.
18Grita con toda el alma al Señor; laméntate, Sión,
derrama torrentes de lágrimas, de día y de noche,
no te concedas reposo, no descansen tus ojos.
19Levántate y grita de noche, al relevo de la guardia,
derrama como agua tu corazón en presencia del Señor,
levanta hacia él las manos, por la vida de tus niños
(desfallecidos de hambre en las encrucijadas):
20«Mira, Señor, fíjate: ¿a quién has tratado así?
¿Cuándo las mujeres se han comido a sus hijos,
a sus hijos tiernos?
¿Cuándo han asesinado en el templo del Señor
a sacerdotes y profetas?
21 »Se tienden en el suelo de las calles muchachos y ancianos,
mis jóvenes y mis doncellas cayeron a filo de espada;
el día de tu ira diste muerte, mataste sin compasión.
22»Convocaste, como para una fiesta, terrores que me cercan:
el día de tu ira nadie pudo salvarse ni escapar.
A los que yo crié y alimenté los aniquiló el enemigo».

2 La nueva elegía hace entrar con toda fuerza al Señor como protagonista: su acción se va desplegando por enumeración de partes materiales de la ciudad o de grupos de vecinos. Puede compararse con el Salmo 79. En la estrofa 18 sucede un cambio: el poeta sigue apostrofando, pero invita a la ciudad a dirigirse al Señor y le dicta las palabras de su lamentación (20-22). Si Dios (no tanto el enemigo) es el autor de la desgracia, a él hay que dirigirse para conmoverlo. Esta elegía conserva la misma situación lírico-dramática de la precedente: los rasgos trágicos son vigorosos, están vistos con participación intensa y se reclama la misma mirada y actitud del Señor. Es como pedirle que vuelva en sí, que se fije en lo que ha hecho (20), como si la esposa recriminase modestamente al marido. Es un final de gran fuerza dramática, una plegaria audaz y confiada.

2,1 En el templo habitaba la gloria del Señor como un esplendor recogido; arca y templo eran el solio donde apoyaba los pies (1 Cr 28,2; Sal 99,5; Ez 43,7). Ahora su cólera ha venido como nube de tormenta que entenebrece el recinto y se dispone a descargar.

2,2 Sin compasión: Ez 9,5.10. Demolió: Sal 79,13. Profanó: Is 43,28. La humillación del rey, dado su carácter sagrado, es una profanación; es decir, Dios mismo rechaza la consagración y deja que lo traten como a un cualquiera.

2,3 La imagen del fuego, que brota al estallar la ira, puede aludir al rayo (1,3) y al incendio aplicado por el enemigo (2 Re 25,9; Ez 9). "Vigor" es en hebreo "cuerno": véase Sal 75. La "diestra", es decir, la mano que tradicionalmente extendió para liberar o defender a su pueblo (Ex 15,6; cfr. Sal 74,11).

2,4 La imagen de Dios guerrero es tradicional. Lo terrible es que el Señor abandona la inactividad y actúa, pasándose al enemigo. (Jr 21,5). La tienda de Sion es el templo.

2,6 "Salteador": corrigiendo el hebreo, que dice "huerto". Llamando al templo "su Choza", evoca la fiesta más alegre del año; con el término "asamblea" evoca la ''tienda del encuentro", o sea, de la cita con Dios (Ex 29; 33-34 etc.). Junto al rey el sumo sacerdote; la doble potestad sagrada del pueblo.

2,7 Entregar al enemigo es acto del poder soberano. Ahora son los enemigos los que celebran una fiesta macabra en el templo (Sal 74,4). Los "palacios" de la capital: Sal 122,7.
2,8 La imagen tiene la fuerza de la inversión: el Señor es un arquitecto que primero planea, después empuña la plomada y la aplica ... , para derribar (Is 34,11). Al derrumbarse, las murallas se animan con sentimientos humanos.

2,9 Con la caída del templo caen otras instituciones (véase Jr 18,18): el gobierno está desterrado. Según Jr 18,18, la ley o instrucción la administra el sacerdote; según Dt 18,15, Dios suscitará profetas. Como el templo está destruido tampoco les queda el culto. El autor no cuenta con Jeremías ni con Ezequiel: es el silencio de Dios en la historia.

2,10 Gestos de duelo: pueden verse Job 2,8.12; Is 3,2s; 47,1; Ez 27,30; Jr 4,8, etc. La tierra (suelo) como plano de humillación recurre en el capítulo: 1 b.2c.9a.1 Oac.11 b. 21 a.

2,11 Job 16,14.

2,12 Es una de las escenas más patéticas de la serie.

2,13 El poeta busca en vano comparaciones: ¿aliviará el dolor el sentirse en compañía de otros que sufren? Aun ese consuelo menguado es imposible. El mar como imagen de inmensidad: Is 11,9.

2,14 En esta estrofa se adensa el recuerdo de Jeremías: su polémica con los falsos profetas (5,31; 23,13-32; 27-28; 29,8-9), la referencia a los oráculos (23,33-40), su expresión "cambiar la suerte" (32,44-33,7). Lo que no lograron hacer los profetas lo quiere conseguir el poeta conduciendo al pueblo por el llanto a la conversión.

2,15 Las expresiones irónicas se encuentran en Sal 48,1; 50,2; Ez 16,14; 27,3; 28,12. "Frotarse las manos" es traducción idiomática del aplaudir por burla (Job 27,23; 34,37).

2,16 Sal 34,16.21.25. Los verbos en primera persona acumulados subrayan con la rima el canto de triunfo.

2,17 La vieja amenaza puede referirse a Lv 26 o Dt 28 (si son anteriores), y a repetidos oráculos de Jeremías (no tan remotos). Destruir es uno de los verbos programáticos de Jeremías: 1,10; 24,6; 31,28; 42,10; 45,4; lo grave es que en el profeta suele ir acompañado de un verbo opuesto de promesa, mientras que aquí va reforzado por la negación adverbial.

2,18 El texto hebreo del primer verso es dudoso; admitimos las correcciones comúnmente aceptadas. Para valorar la imagen hay que tener en cuenta que en hebreo la misma palabra significa ojo y fuente. Véanse Sal 77, 3 y 42,4, también Jr 13,17; 14,17. Pupila (= niña): "niña del ojo", como en hebreo.

2,19 La visión de los hijos en brazos de las madres conduce a la imagen de la ciudad como madre que ha de interceder por sus hijos. Un verso advenedizo se ha introducido al final de la estrofa: "desfallecidos de hambre en los cruces de las calles".

2,20 La escena macabra se anuncia en Lv 26,29; Dt 28,53 Y Jr 19,9; se narra en 2 Re 6,28-30.

2,21 La ira empuña la espada y provoca la muerte. Sólo que el agente es el Señor.

2,22 Retorna el tema de las fiestas (6.7) Los caminos desiertos (1,4) se han poblado, los que acuden ya rodean la ciudad ... : son terrores personificados convocados por Dios mismo. La expresión se lee en Sal 31,14 Y la repite Jeremías (6,25; 20,3.4.10; 46,5; 49,29).

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