sábado, 19 de mayo de 2012

LAMENTACIONES. CAPÍTULO 3.


3 1Yo soy un hombre que ha probado el dolor bajo la vara de su cólera,
2porque me ha llevado y conducido a las tinieblas y no a la luz;
3
está volviendo su mano todo el día contra mí,
4Me ha consumido la piel y la carne y me ha roto los huesos;
5en torno mío ha levantado un cerco de veneno y amargura
6y me ha confinado en las tinieblas, como a los muertos de antaño.
7Me ha tapiado sin salida cargándome de cadenas;
8 por más que grito: «Socorro», se hace sordo a mi súplica;
9me ha cerrado el paso con sillares, y ha retorcido mis sendas.
10Me está acechando como un oso o como un león escondido;
11me ha cerrado el camino para despedazarme y me ha dejado inerte;
12tensa el arco y me hace blanco de sus flechas.
13Me ha clavado en las entrañas las flechas de su aljaba:
141a gente se burla de mí, me saca coplas todo el día;
15me ha saciado de hieles abrevándome con ajenjo.
16Mis dientes rechinan mordiendo guijas, y me revuelco en el polvo;
17me han arrancado la paz, y ni me acuerdo de la dicha;
18me digo: «Se me acabaron las fuerzas y mi esperanza en el Señor».
19Fíjate en mi aflicción y en mi amargura, en la hiel que me envenena;
20no hago más que pensar en ello, y estoy abatido.
21Pero hay algo que traigo a la memoria y me da esperanza: 
22que la misericordia del Señor no termina y no se acaba su compasión;
23antes bien, se renuevan cada mañana: ¡qué grande es tu fidelidad!
24«El Señor es mi lote», me digo, y espero en él.
25El Señor es bueno para los que en él esperan y lo buscan;
26es bueno esperar en silencio la salvación del Señor;
27le irá bien al hombre si carga con el yugo desde joven.
28Que se esté solo y callado cuando la desgracia descarga sobre él;
29que pegue la boca al polvo, quizá quede esperanza;
30que entregue la mejilla al que lo hiere y se sacie de oprobios.
31 Porque el Señor no rechaza para siempre;
32aunque aflige, se compadece con gran misericordia,
33porque no goza afligiendo o apenando a los hombres.
34Aplastar bajo los pies a todos los prisioneros de la tierra,
35negar su derecho al pobre, en presencia del Altísimo,
36defraudar a alguien en un proceso: eso no lo aprueba el Señor
37¿Quién mandó que sucediera si no fue el Señor?,
38¿no es el Señor quien dispone que suceda el bien y el mal?,
39¿por qué se ha de quejar de su desgracia el hombre mientras vive?
40-Examinemos y revisemos nuestra conducta y volvamos al Señor,
41Levantemos con las manos el corazón al Dios del cielo:
42nosotros nos hemos rebelado pecando, y tú no nos has perdonado;
43envuelto en cólera nos has perseguido y matado sin piedad,
44te has envuelto en nubes para que no te alcancen las plegarias;
45nos has hecho el desprecio y el desecho de las gentes.
46Todos nuestros enemigos se ríen de nosotros;
47nos asaltan terrores y espantos, desgracias y fracasos,
48Iloramos arroyos de lágrimas por la ruina de la capital.
49Mis ojos se diluyen sin cesar y sin descanso,
50hasta que el Señor desde el cielo se asome y me vea;
51me duelen los ojos de llorar por las jóvenes de la ciudad.
52Los que me odian sin razón me han dado caza, como a un pájaro;
53me han echado vivo al pozo y me han arrojado piedras;
54se cierran las aguas sobre mi cabeza, y pienso: «Estoy perdido».
55Invoqué tu nombre, Señor, de lo hondo de la fosa:
56Oye mi voz, no cierres el oído a mis gritos de auxilio;
57 tú te acercaste cuando te llamé y me dijiste: «No temas».
58Te encargaste de defender mi causa y de salvar mi vida,
59has visto que padezco injusticia, juzga mi causa;
60has visto la venganza que traman contra mí;
61has oído, Señor, cómo me insultan y traman mi desgracia,
6210 que dicen y piensan contra mi continuamente;
63vigila todos sus movimientos: soy el objeto de sus sátiras.
64Tú les pagarás, Señor, como merecen sus obras,
651es darás una mente obcecada y los maldecirás;
66los perseguirás con ira hasta aniquilarlos bajo el cielo, Señor.

3 Esta elegía forma el centro teológico del libro. En lugar de la ciudad, como encarnación del pueblo, figura un personaje anónimo, solidario del dolor y del pecado de los suyos. Esta clave poética unifica el poema, que tiene menos dramatismo y más reflexión. El poeta parece colocarse en la situación del profeta Jeremías: burlado, perseguido, encarcelado, condenado a morir en la mazmorra; sólo que ha sido Dios el autor de tal persecución (1-18). En su situación desesperada lo anima la esperanza, al principio como una extraña iluminación, que después consigue razonar proponiendo el principio de la aceptación no violenta (19-39), del sufrimiento como castigo y como paso a la conversión.

Retorna el dolor y la conciencia de su situación desesperada (46-54), pero esta vez el recuerdo de una liberación y una promesa lo conducen a la súplica por sí y contra los enemigos (55-66).
Como se ve, domina el estilo y los motivos literarios de la súplica que pronuncia el inocente injustamente perseguido; todo ello aparece traspuesto a una situación como la del profeta Jeremías. Esto permite un avance: en la aceptación solidaria del sufrimiento y sus consecuencias, aunque no haya pecado personal correspondiente, y en el buscar sentido a ese dolor. Este capítulo puede haber inspirado o influido en la teología y espiritualidad de Is 50 y 53.

3,1 "Hombre": en hebreo geber, que sugiere lo vigoroso y varonil, la hombría. La có1era de Dios le ha alcanzado indirectamente, es decir, a través de su vinculación y su actividad entre los culpables.

3,2 Los verbos suelen indicar el cuidado solícito de Dios, especialmente como gula en el desierto. El orante retuerce su sentido. La oscuridad de la mazmorra tiene valor simbólico (Is 8,22-47,5; 59,9).

3,4 El castigo alcanza hasta el propio cuerpo (cfr. Job 2,4-5) y penetra hasta los huesos (Jr 37,15; cfr. Miq 3,2s).

3,5 El final del verso es dudoso.

3,6 Se vuelve inexorable la presencia de la oscuridad, presentimiento de la muerte: Job 16,16 y Sab 17,21; Sa188,7.

3,8 En el contexto próximo es un grito individual. En el contexto global, es una voz que clama en nombre de todos y por todos. 

3,9 Una magnífica cárcel de sillares y un laberinto para perderse: para el profeta que tenía que liberar y guiar.

3,10-11 Imagen de la fiera, ya usada por los profetas (Os 13,7; Am 5,19, Prov 28,15). El Dios escondido se escondía al acecho de su profeta, atrayéndolo a un extraño destino.

3,12-13 De la fiera pasa a la imagen correlativa del cazador (Job 6,4; 16,14). Esta imagen es incluso más brutal, porque supone más conciencia y menos instinto, como en un deporte cruel o en la guerra.

3,14 Jr 20,7; Sal 31,12; 35,16; 44,14s; 69,13.

3,15 Según Jr 9,14; 23,15, ese castigo estaba destinado al pueblo. Las suertes de pueblo y profeta se funden.

3,16 Véase Prov 20,17.

3,18 El tema de la esperanza está articulado en tres finales de estrofa: 18.21.24: el poeta siente la desesperanza, lucha contra ella con sólidas afirmaciones; aunque torne la duda, se niega a rendirse.

3,19-21 Bajo el signo del recuerdo. El deDios inducirá compasión. El del hombre, primero abate, luego reanima (cfr. Sal 77).

3,22-23 Apela a cualidades clásicas de Dios, recitadas en la plegaria y acreditadas en la historia: más allá del pecado y del castigo se extiende el arco de la lealtad, capaz de abarcarlo todo y fundar una esperanza. Con un particular, la capacidad de renovarse día a íia en nuevas manifestaciones; así la esperanza se abre a la novedad: es posible esperar lo inesperado.

3,24 Fórmula tradicional de sacerdotes y orantes: Nm 18,20; Sal 16,5; 73,26; 119,57. El lote o porción, fragmento de una posesión total; tener como lote al Señor es poseer una plenitud, es compartir sin partir. Esto lo dice el personaje en un momento en que se ha perdido todo, abierto a una inmensidad que siente por dentro: véase Jr 32.

3,25-26 La bondad de Dios (Sal 73,28; 34,9) justifica la actitud de sumisión y no violencia; tal mensaje adquirió una urgencia decisiva en tiempos de Jeremías, respecto a sí frente a la persecución y respecto al pueblo frente a la invasión.

3,27 Por eso con toda lógica sigue este enunciado paradójico: a la bondad de Dios responde la bondad o conveniencia de soportar el yugo. Como en Jeremías: yugo de la sumisión al Señor (2,20; 5,5), Y sumisión al dominio babilonio (27,8; 28,4.11.14 Y 30,8). También en el texto presente es el yugo de la ley del Señor y el yugo del sufrimiento en la vida y en la historia, tanto inmerecido como merecido.

3,28-30 Sufrir en silencio y con esperanza fue la suerte de Jeremías. Estos versos apuran la actitud y así preparan la figura del siervo paciente, que ni ante el tribunal abre la boca: Is 50,6 y 53,7.

3,31-33 Sigue la sugestiva alternancia de estrofas: la compasión (31-33), la culpa (34-36), el sufrimiento resignado y esperanzado (37-39), la penitencia (40-42). "Para siempre": hasta la cuarta generación según Ex 34,7; cfr. Sal 103,8s. "No goza": refutación o corrección de Dt 28,63. Véanse también Is 49,15, 51,6; 54,8; Ez 18,23, y Sab 11,24-27.

3,34-36 Los delitos. El v. 34 sintetiza la crueldad de la guerra. Los otros son pecados de injusticia. Es la injusticia lo que desata la cólera y el castigo de Dios. La expresión final se puede interpretar como interrogativa retórica, "¿no lo ve el Señor?" o con valor modal (como en castellano "no lo uede ver"). 

3,37-38 Es la doctrina de Am 3,6 e Is 45,7. Véanse también expresiones parecidas en Sal 33,9; Is 41,2-3; Sof 1,12.

3,39 El sentido es ambiguo. Se puede tomar como pregunta y respuesta, como doble pregunta. El adjetivo "vivo" con énfasis particular: si su delito tenía pena de muerte y lo han dejado con vida, ¿por qué se queja de la pena que cumple?

3,40-41 Es como una respuesta no del todo tardía a la predicación de Jeremías: 3,7.10.14.22; 4,1; 8,4-5. La conversión es una vuelta y una elevación cuyo término es el Señor (véanse Sal 25,1; 86,4; 143,8).

3,42 Véanse Jr 5,9.29; 9,8.

3,43-44 No es la nube benéfica del desierto, sino nube de tormenta que va a descargar, nube que no atraviesan las súplicas (cfr. Eclo 35,21).

3,46 Como 2,16.

3,48 1,16; 2,11; Jr 9,1.18.

3,50 Véanse Dt 26,15; Is 63,15; Sal 14,2; 102,20.

3,51 Las jóvenes pueden ser las aldeas próximas y sufragáneas de la capital.

3,52 La imagen cinegética es frecuente. 

3,53-54 Descripción libre de la condena de Jeremías, 38,6. Véanse también Sal 69,2- 3; 88,5-8.

3,55-56 De una muerte segura libró el Señor a Jeremías, por medio de Ebedmélec (Jr 38). Este último fragmento se podría leer como alteración cronológica: en 55-58 resume la súplica, respuesta y liberación, en 59-66 da el texto de la oración pronunciada, según dice el v. 56.

3,55 Sal 88,14; 130,1-2.

3,57 Palabra dirigida a Jeremías en su vocación y después: 1,8; 30,10; 42,11; 46,27-28.

3,58 Expresión de la plegaria (Sal 35,1) que tuvo su aplicación en la vida de Jeremías, encausado por sus enemigos (26,7-24). "Rescatar" es verbo técnico: Jr 31,11 y frecuente en Isaías Segundo.

3,60 Jr 11,19.

3,63 Is 37,28-29 referido a Senaquerib. 

3,64 Véanse Jr 11,20.

3,66 Véase Jr 18,21-23. 

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